Especial 4 La máquina de besos: El feminismo.

Ahora dime que después de dejarte este concepto, no se te van a cruzar una serie de ideas del tirón: FEMINISMO.

Pensarás en igualdad, pensarás en manifestaciones, pensarás en mujeres no aceptando seguir el patrón, en tu vecina, tu madre, tu hermana, tu alguien cercano que ha roto con todo lo que se suponía que debía hacer según el juicio de otro alguien aleatorio.

Hace siglos que esto sucede, no te estoy descubriendo nada nuevo, sin embargo, yo sí me sorprendí cuando estaba en fase de documentación de La máquina de besos.

Pasó con la revolución industrial del XIX, que el peso del trabajo antes repartido entre el hombre y la mujer por aquello del campo, se disgregó. Las fábricas necesitaban operarios, gentes fuertes, hombres. Las casas necesitaban funcionar, solo quedaban ellas para ponerlas en marcha. No tenían más cosas que hacer, claro, ya no dependían del campo para comer, se habían mudado a la ciudad y lo de los huertos urbanos es cosa nueva, ya sabéis.

Por otro lado, la educación –los educadores-, le hacían la cobra al género femenino. Que ellas pensaran no era importante, ni prioritario, total, las vergas dominaban el mundo, mejor centrar el esfuerzo en ellos.

Estas cosillas ya le tocaban las pelotas a gente mucho antes de lo que te las tocan a ti o a mí. Y no solo te estoy hablando de filósofos, que los había, reclamando una igualdad inexistente, te hablo de economistas, médicos y gente que estudiaba estadística, con voluntad de llamar la atención a otras personas sobre la esclavitud a la que estaba siendo sometido el género femenino.

Bueno, pues en estas más o menos se introduce una novedad en aquellas tierras: la libertad de expresión. Y mucha gente, muchas Charlottes de la vida real, se deciden a denunciar y quejarse públicamente, porque querían votar y decidir sobre sus vidas, obtener igualdad frente al hombre también en derechos de propiedad y muy importante: igualdad a la hora de obrar, así como en los derechos dentro del matrimonio (porque a causa de ser mujeres, no podían tener propiedad alguna a su nombre (Nota dentro de la nota: recordad el dramón de la señora Bennet y el primo de marras que va de visita en Orgullo y prejuicio. Pues eso). VOTAR… Eso que a día de hoy muchos no hacen por perrería, un domingo cada cuatro años. Algo tan sencillo y que puede cambiar millones de vidas. Pues allí estaban ellas, pioneras, manifestándose, exigiendo el sufragio. Ya ves.

(Aquí una pequeña muestra de escritoras feministas, de aquellos tiempos, pero también actuales).

Si no hubiesen existido las Charlottes, ¿cómo sería el hoy?

Da que pensar, ¿eh?

Da hasta para escribir un libro.

 

Volvemos pronto, solo quedan un par de especiales. Luego os hablaré de otras cosas.

Gracias por seguir, por leer y por votar.

 

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